Un aldabonazo para Amelia

Estatua de La Milagrosa , el sitio más visitado de la Necrópolis de Colón, En La Habana.

Estatua de La Milagrosa en mármol de Carrara, el sitio más visitado de la Necrópolis de Colón, en La Habana. (Foto: cortesía de Ernesto Granado)

Tumba “La milagrosa” en el Cementerio Colón de La Habana

Me gustan los cementerios. Sobre todo, en las tardes de lluvia. Es como si el agua lavara las caras de mármol envejecido de los ángeles, y los sempiternos gorriones se refugiaran debajo de los frondosos laureles a la espera –como yo, como todos– de tiempos mejores.

Me gustan los cementerios no por su asociación inevitable con lo fatal, con la clausura de los plazos vitales, con el dolor. Me gustan porque son espacios silenciosos, donde se puede ir a leer o a meditar. Son, en dos palabras, un alto amable en la vertiginosa vida de las ciudades. Lo que aprovechan convenientemente meditabundos, amantes furtivos, estudiantes ansiosos y hasta policías encubiertos…

Y entre todos, prefiero el Cementerio de Colón, Monumento Nacional, con su inmensa portada neobizantina, fundado en 1886 en la barriada habanera de El Vedado. Es uno de  los más grandes del mundo, y de los más hermosos. Dicen que solamente lo aventaja la necrópolis de Staglieno, en Génova. Y, por fortuna, es el que siempre he tenido a mano; e, incluso, en una etapa de mi vida lo recorrí a diario, en bicicleta, de uno a otro extremo, para abreviar la fatigosa ruta entre mi casa y mi centro de trabajo. Y siempre pasaba, con sobrecogida curiosidad, a la vera de la tumba conocida como La Milagrosa, con visitantes y flores perennes, sin importar la resolana de agosto o los caprichos del invierno oscilante de la Isla. No dispongo de estadística, pero a ojo de pájaro puedo asegurar que, con mucho, La Milagrosa aventaja en popularidad a los túmulos donde descansan presidentes, artistas, guerreros y los varones ilustres de la Iglesia Católica.

Amelia Goire de La Hoz es, nada menos, “La Milagrosa”, una suerte de santa por aclamación popular, no reconocida por iglesia alguna, a la que se atribuye una fina sensibilidad para resolver temas de infertilidad y a la que, como si esto no fuera suficiente, se le puede confiar la guardia y custodia de nuestros hijos…

Amelia nació en La Habana en 1887, en el seno de una familia medianamente acomodada. A los siete años emprende un precoz noviazgo con un primo nombrado José Vicente, este idilio encontró, como es de rigor en toda historia romántica, numerosos obstáculos y oposiciones familiares. Terminada la Guerra de Independencia, José Vicente regresa de la manigua con los grados de capitán del Ejército Libertador. Y es entonces que pueden consumar, ya sin trabas, su amor blindado contra desilusiones y desamparos, pero no contra… la parca.

A los 24 años Amelia muere de un ataque de eclampsia junto con su hijo, que iba a ser el primogénito de la pareja. Según la tradición, años después, cuando el cadáver fue exhumado, se pudo apreciar que el niño, colocado originalmente entre las piernas de la madre, aparecía ahora amorosamente acunado entre sus brazos.

Sobre esto ha llovido mucha literatura. Se habla de la fidelidad del esposo, que no faltó un solo día de su vida a la cita con la amada sepulta; de los miles de milagros y favores que ha concedido a los peregrinos (no exclusivamente cubanos) que llegan desde los más alejados confines. El rito consiste en colocar unas flores a sus pies, golpear la aldaba de bronce que se encuentra en el conjunto monumental, pedir los más fervientes deseos, y rodear la tumba lentamente, cuidando de no darle nunca la espalda.

He ido a la tumba de La Milagrosa innumerables veces por motivos profesionales. El iconoclasta y agnóstico que hay en mí no ha participado de la ceremonia, pero siempre, a respetuosa distancia, me he fijado en los tristes ojos de mármol de la estatua y he dicho para mí: “coño, Amelita, tírale un cabo a mis hijos”. Como recordaba mi madre a menudo: “es que uno nunca sabe…”

 

 

 

Sobre el Autor

Alex Fleites (Caracas, 1954). Ciudadano Cubano. Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de La Habana. Poeta, narrador, curador de arte, periodista y editor de revistas culturales. Su obra ha sido parcialmente traducida a numerosos idiomas.
Autor de guías culturales de Cuba:
Sentieri di Cuba. Viaggio nella cultura, nelle tradizione, nei personaggi
Alex Fleites/ Leonardo Padura . Patriche Editrice. Italia, 1998

Cultura Cuba. Viaggio nell’ identita di un’ isola
Alex Fleites/ Aldo Garzia. Teti Editore. Italia, 1997

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