¿Cómo se las arregla Cuba para combatir el coronavirus?

 

El 24 de abril  de 2020, la televisión nacional cubana emitió un interesante programa de lo que podríamos llamar “la parte operativa” de la lucha contra el COVID-19 en Cuba. Esta se resumen en una colaboración sin precedentes entre tres sectores: la industria nacional, la ciencia y los trabajadores por cuenta propia, que se combinaron en una gran cadena para proveer los recursos materiales cuya demanda se disparó en todo el mundo.

Medidas generales

Se elaboraron planes de prevención y enfrentamiento, relativos a la población, los trabajadores del sistema de salud, los transportistas y personal de control epidemiológico.

 

La población

El protocolo de control epidemiológico en Cuba, consiste en diagnóstico e ingreso bajo vigilancia epidemiológica de aquellas personas con síntomas, y sus contactos. El confinamiento estricto se aplica a zonas concretas localizadas como focos de contagio. Al resto de la población se le indica quedarse en casa y mantener la distancia de seguridad de 1,5 metros.

Los nasobucos (mascarillas)

Sobre el 12 de marzo, se declara obligatorio el uso de nasobuco para salir a la calle.

A la población se le instruyó para confeccionar sus propios nasobucos. Su uso se declaró obligatorio. Los cuentapropistas y asociaciones de artesanos se encargaron de elaborarlas y venderlas a quienes no las confeccionaron por sí mismos. En algunos casos, si la persona aporta la tela, podía obtener su mascarilla gratis.

Las mascarillas profesionales, compradas o recibidas de donación, se utilizaron para el personal sanitario y trabajadores priorizados.

Alimentos y medicamentos

Se dio prioridad a las industrias fundamentales: producción de alimentos y medicamentos

Se reforzó el transporte para las compras por internet de los ciudadanos y se combatió especialmente a acaparadores y revendedores de productos prioritarios.

Se tomaron medidas especiales de desinfección de calles y acueductos.

La industria

El sector industrial, fue totalmente adaptado a las prioridades de salud. Se localizó a los trabajadores más vulnerables para aplicarles tele-trabajo.

  • Se capacitó a los trabajadores en medidas personales de protección.
  • Entre 40.000 y 60.000 trabajadores fueron pesquisados al inicio.
  • Cierre parcial de entidades no imprescindibles.

¿Quién hizo qué?

La industria química

Se estableció un sistema de control diario de producciones fundamentales como oxígeno medicinal, gases industriales, cloro, hipoclorito al 5% (lejia)

Se priorizó la fabricación de hipoclorito para la desinfección de medios de transporte de enfermos y trabajadores, así como la distribución a la población.

Comercio interior

Confeccionó módulos (packs de productos) de aseo para entregar a la población.

Industria ligera

Priorizó la producción de jabón, detergente líquido y gel hidroalcohólico

La industria textil reunión toda la gasa quirúrgica y se concentró en la producción de nasobucos (mascarillas), sobrebatas, gorros y pijamas para el trabajo en los centros sanitarios.

La industria de talabartería se concentró en la producción de protectores faciales, junto con los cuentapropistas.

Reciclaje

Se recuperaron de forma acelerada frascos para medicamentos de medicina tradicional, que fueron usados para contener los PCR.

Sideromecánica

Se dedicaron a la reparación de ambulancias y ascensores de hospitales e industria biofarmacéutica.

Electrónica

Se concentró en la reparación de calderas y refrigeración.

Alianzas sin precedentes

Mitchell Valdés-Sosa, director de CNEURO (Centro de Neurociencias de Cuba) una de las instituciones puntera del polo científico de La Habana,  explicaba a la población que al desatarse la pandemia, se disparó internacionalmente la demanda de 3 productos principales: medios de protección para el personal de salud, respiradores para atender a pacientes en estado crítico, medios e hisopos para pruebas diagnósticas.

Al intentar comprarlos en los mercados internacionales ocurrió de todo: los precios aumentaron, algunos países restringieron sus exportaciones para garantizar a su propia población, aparecieron ofertas de producciones de baja calidad, o con grandes demoras en la entrega, o que aparentemente estaban disponibles y al ejecutar la compra desaparecían.

Ante esta situación, se crearon en Cuba nuevas cadenas colaborativas y productivas entre los centros de biología y biotecnología del país, el ministerio de salud pública (MINSAP), las Fuerzas Armadas y los Trabajadores por cuenta propia. Todos trabajando bajo la tutela de la ciencia, en función de las necesidades indicadas por el Instituto Instituto Pedro Kourí de medicina tropical (IPK), máxima autoridad en la isla para el control epidemiológico.

Elaboración en el país de pruebas diagnósticas

PCR: es el test para el diagnóstico de la presencia del virus, necesario para saber quién se ha contagiado. Se aplica en el período de incubación durante los primeros 7 días de la enfermedad. Físicamente se trata de un hisopo especializado y un frasco con un medio, donde se transporta la muestra viral al laboratorio.

Los centros científicos se comunicaron por teleconferencia con investigadores de diferentes universidades del mundo, para tener referencia de todos los elementos necesarios, aportando los modelos más óptimos.

Los laboratorios biofarmacéuticos fabricaron los medios diagnósticos, que fueron evaluados por el IPK.

De conjunto con la industria textil se fabricaron hisopos, que se mandaron a esterilizar con rayos gamma antes de entregarlos al IPK.

Medios de protección para el personal de cuidados intensivos

La industria ligera y los militares fabricaron delantales y trajes. Antes de distribuirse se validaban por el MINSAP.

Las cajas protectoras para que el personal de cuidados intensivos necesitó para entubar y manipular enfermos sin contagiarse, también se fabricaron. Se construyeron prototipos y se validaban con el personal de cuidados intensivos.

Los ventiladores o respiradores

Como es sabido, este es un equipamiento crítico para la lucha contra el COVID-19. Existen 2 tipos de ventiladores: los más complejos y caros son de terapia intensiva, para la llamada ventilación invasiva que necesitan los pacientes más graves. Y otros más económicos llamados ventiladores emergentes, se utilizan para respiración no invasiva en pacientes que están en fase de liberación o destete.

Se movilizaron las distintas industrias para reparar los ventiladores de terapia intensiva existentes. Por ejemplo, se les adaptaron displays o fuentes de alimentación de otros equipos.

Aquí fue donde intervinieron los trabajadores por cuenta propia del grupo de fabricación digital de Cuba, aportando su experiencia en imprimir en impresoras 3D. Con esta técnica elaboraron la pieza de fijación de las máscaras protectoras, así como diferentes válvulas para los ventiladores. Este movimiento, parte de una red global de “Makers” descargaron los modelos de válvulas, los rediseñaron para adaptarlos a las distintas máquinas. Es de resaltar su contribución en los últimos años, en la elaboración de piezas de repuesto de una variedad de tecnologías obsoletas que existen en el país. Comparten los parámetros de fabricación para convertir en átomos lo que les llega en bit por teléfono. De esta manera se pueden fabricar allí donde se necesitan, piezas específicas imposibles de encontrar en el mercado, aprovechando el diseño, la experiencia y el conocimiento colectivo.

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